Dicen de María que es fortaleza y espíritu de sacrificio. Una mujer valiente que responde ante la vida con sencillez de corazón. Dicen de José que no se conocen manos más disponibles y entregadas. Un hombre comprometido que encontró la medida del amor sirviendo a los demás. En definitiva, una familia a la intemperie del desierto buscando una oportunidad de futuro.

El relato de la huida a Egipto no resulta extraño más de 2000 años después. Así lo recoge el Evangelio según San Mateo (Mt 2, 13-16):
“Después que ellos se retiraron, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: 􏰁Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto; y estate allí hasta que yo te diga. Porque Herodes va a buscar al niño para matarle.􏰀” “Él se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se retiró a Egipto” Entonces Herodes, al ver que había sido burlado por los magos, se enfureció terriblemente y envió a matar a todos los niños de Belén y de toda su comarca, de dos años para abajo, según el tiempo que había precisado por los magos.”

 

La Navidad es tiempo de nacer pese a las dificultades. Un momento para recordar, de manera especial, a aquellas familias que viven sumidas en la adversidad: el desempleo, la enfermedad, la soledad, el desahucio, el cierre de negocios y establecimientos, los ERTES, la distancia, los campos de refugiados, el exilio político, la guerra… No hace falta viajar muy lejos para verlo; están en las calles, en los bloques de vecinos, en las escuelas, en las familias… y es fundamental permanecer atentos.

El amor más frágil y sencillo nos recuerda que, ante la dificultad, siempre nos queda un brote de esperanza.
Feliz Navidad.

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