Tan cerca de mÍ.

Queridos amigos que nos vemos a diario en el centro LA Salle de liria ocupándonos de las tareas fundamentales de esta familia lasaliana. Ahí están el Equipo de Dirección, la Comunidad de los Hermanos, las señoras de limpieza,  el servicio de comidas, los cuidan del mantenimiento etc, etc. Y también forman parte de la vida del recinto lasaliano, el grupo del Projecte Obert. Para todos mis deseos de felicidad en este Nuevo Año 2026.

Al clausurar el 2025, echamos la vista al futuro con esperanza, ganas e ilusión. Por eso os brindo mis deseos.

“Cada persona tiene un sueño. Cada sueño, un secreto. Cada amanecer, una esperanza y cada corazón, un deseo.

Mi deseo es que lo que te llegue en este Nuevo Año sea mejor de lo que buscas, que dure más de los que esperas y que te haga más feliz de lo que puedes imaginar”.

Para vuestra reflexión os presento una historia singular, emotiva, tierna… ¿quizás os emocione?

Una tarde en el parque, había un pequeño niño que quería conocer a Dios. Él sabía que sería un largo viaje para llegar hasta donde Él vivía. Entonces preparó su pequeña mochila con panecillos, un paquete de seis zumos y emprendió su marcha. Cuando ya había recorrido tres calles, se encontró con una viejecita. Ella estaba sentada en el parque, mirando las palomas. El niño se sentó junto a ella y abrió su mochila. Estaba a punto de tomarse su zumo cuando notó que la viejecita le miraba con envidia, y entonces él le ofreció un panecillo. Ella agradecida lo aceptó y le sonrió. Su sonrisa era tan hermosa que el niño quiso contemplar de nuevo esa sonrisa, y entonces él le ofreció un zumo.

Ella le sonrió de nuevo. ¡El niño estaba encantado! se quedaron sentados toda la tarde comiendo y sonriendo, pelo no se dijeron ni una sola palabra. Tan pronto empezó a oscurecer, el niño notó que estaba cansado y se levantó para irse. Pero, antes de alejarse se dio la vuelta, corrió hacia la viejecita y le dio un abrazo. Ella le regaló su más hermosa sonrisa, como nunca antes lo había hecho.

Cuando el niño abrió la puerta de su casa, su madre se quedó sorprendida de la felicidad que desprendía. Ella le preguntó: “¿Qué te ha pasado hoy que se te ve tan feliz?”.

Él le contestó: «He comido con Dios. Y, ¿sabes qué? ¡Tiene la sonrisa más bella que he visto jamás!».

Mientras tanto, la viejecita también con mucha felicidad, regresó radiante a su casa. Su hijo estaba asombrado por la paz que desprendía su rostro y le preguntó: <<Madre, ¿qué te ha pasado hoy que te ha hecho tan feliz?>>. Ella le contestó: «Comí panecillos en el parque con Dios. Y, ¿sabes qué? Es bastante más joven de lo que yo creía»>.

(Anónima).

Saludos cordiales. Feliz Año Nuevo.

  1. Joaquín Gasca, fsc,

1 de enero del 2026.